Letras de humo
Aunque no tengo la costumbre de irme por la autopista al trabajo (porque tardo lo mismo que por los caminos verdes solo que en cola), el lunes pasado decidí darle una nueva oportunidad. Al acercarme a la entrada me di cuenta que había algo diferente, ya en el canal lento, me tomó un par de segundos saber qué era lo que pasaba. Todos los motorizados circulaban por el hombrillo, todas las motos sin excepción tenían placa y esta se podía ver en los cascos de sus conductores. Un silbido insoportable y reiterativo, seguido de una estela y la amenaza de perder mi espejo retrovisor izquierdo me regresaron a la realidad. Todo había sido un espejismo equiparable solo con los que viven los desesperados en los desiertos. La realidad, cruda, no se comparaba en nada al paraíso del Reglamento de la Ley de Tránsito decretado por el Ejecutivo hace apenas seis meses.
Las buenas intenciones del Comandante-Presidente de nuevo se encontraban con una tropa indisciplinada que no seguía al pie de la letra sus indicaciones y maniobras. Él estaba claro, sabía qué había que hacer, pero no le hacían caso. Una vez más las buenas intenciones se atragantaban y no se convertían en soluciones.
El nuevo Reglamento de la Ley no es más que un cuento bonito que, aunque inútil, al menos no hace daño. Pero ese no es el caso de otras leyes que nos las venden como maravillas y lo que hacen es agravar problemas existentes o crear otros nuevos. Un ejemplo es la Ley de Costos y Precios Justos, otro la Ley del Trabajo.
Las leyes deberían ser expresión del consenso general sobre una materia, es más ese consenso es el primer paso para garantizar que la ley efectivamente se cumpla (¿Alguien habló con los motorizados?). A quienes hoy manejan los hilos del Gobierno (sería mucho decir Estado) lo anterior les importa, dicho en términos técnicos, un pepino.
Nada más elocuente para comprobarlo que algunos hechos del “debate” relacionado con la nueva Ley del Trabajo:
· Tenemos una Asamblea Nacional que se encarga de hacer leyes, y a esa gente que está ahí incluso se le paga por eso. Pero el Comandante-Presidente se exaspera, eso va muy lento compadre, él lo que lidera es una revolución y no va a esperar por nadie. Así que decide que lo mejor es hacerla él mismo, para eso cuenta con la Ley Habilitante que le fue otorgada por año y medio para enfrentar la emergencia provocada por las lluvias en diciembre de 2010. ¿Será que las lluvias también nos dejaron sin trabajo?
· Un diputado comenta que se siente “aliviado” de que Fedecámaras no participe en la consulta llevada a cabo por Comisión Presidencial redactora de la ley. ¿Y estos de Fedecámaras no son los que contratan? ¿Será que tienen algo que decir?
· Hasta la fecha se han visto pocos borradores de la Ley, cada semana algún vocero designado nos adelanta uno que otro detallazo.
· Hay ciertas consultas a los trabajadores, eso sí ministerio adentro.
· La discusión se vence el: 1 de mayo, de ahí no pasa. Promulgación express para tremenda ley.
· El Presidente dice que se debatan más lo puntos “álgidos” y que se incremente la “discusión nacional”…
Pero… ¿Para qué Comandante? Si ahí va a estar escrito lo que usted quiera.

